La economía también es cosa de niños

Recuerdo perfectamente el día en que mi hija Daniela llegó a casa después de su primera clase de Economía. Tenía 17 años y me dijo: “Acabo de recibir mi primera clase de Economía y me ha encantado. Pensaba que iban a ser solo números, gráficos, fórmulas y matemáticas… pero ¡qué va!, es mucho más. La economía está en todo lo que nos rodea y en nuestra forma de vivir. Está en una visita al médico, en comprar en el supermercado, en una excursión del cole, en una pizza que llega a casa. Detrás de cada cosa, de todo lo que nos rodea está la economía”.

Ese comentario, dicho de la manera más natural y espontánea, me hizo pensar. Y me puse a investigar y a documentarme.

Economía: la gran olvidada del sistema educativo español

En el sistema educativo español, la economía está presente en el currículo educativo solo en la Educación Secundaria y en Bachillerato. Pero no la reciben todos los estudiantes: según la comunidad autónoma y el propio centro, puede ser solo una optativa.  Así, en algunos centros, se imparte en 4.º de la ESO una asignatura llamada Economía y Emprendimiento y, en Bachillerato, aparece sobre todo en la rama de Humanidades y Ciencias Sociales. 

Sabiendo esto podemos asegurar que en España hay estudiantes que terminan el colegio sin haber recibido ni una sola clase de economía en toda su etapa educativa. De hecho, según los informes PISA, el rendimiento medio de los estudiantes españoles en competencia financiera está por debajo de la media de la OCDE.

Economía complicada versus economía cotidiana

¿Por qué ocurre esto?

La economía lleva demasiado tiempo rodeada de prejuicios. Se la ha presentado como una disciplina complicada, fría, reservada a expertos y alejada de la infancia. Algo que “ya llegará”, cuando los niños sean mayores, cuando puedan manejar cifras complejas o conceptos abstractos. El resultado es que se ha mantenido y en algunos casos se sigue manteniendo fuera de las aulas, como si no tuviera nada que aportar a la formación básica de una persona. Y, sin embargo, los niños crecen rodeados de decisiones económicas: ven trabajar a sus padres, escuchan hablar de precios, de ahorros, de hipotecas y alquileres… Viven en un mundo económico sin conocerlo, ni entenderlo.

Y de adultos, todos van a enfrentarse a esas mismas decisiones, recibirán una nómina, tendrán que pagar impuestos o comprar una casa a través de una hipoteca.

No sé por qué no se enseña economía en los colegios. A lo mejor se ha pensado que la economía consiste en explicar ecuaciones, porcentajes o gráficos. Pero la economía, en su esencia, es otra cosa: es comprender cómo funciona la sociedad, cómo las personas organizan su vida, cómo toman decisiones, cómo utilizan recursos que no son infinitos.

Conceptos económicos: conceptos del día a día

No es un problema de edad. Es un problema de enfoque.

Un niño no necesita saber qué es la inflación para entender que hoy algo cuesta más que ayer. No se necesita estudiar teoría económica para comprender que no se puede comprar todo lo que se quiere, o que ahorrar implica esperar, o que ganar dinero es una compensación por nuestro trabajo y que el trabajo significa esfuerzo.

Los conceptos económicos básicos forman parte de la experiencia de vida desde muy temprano. El problema es que, si no se explican, se viven de manera confusa, insegura e incluso angustiosa.

Cuando un niño entiende qué es el trabajo, valora más el esfuerzo propio y ajeno. Cuando comprende qué es el ahorro, aprende a planificar y a esperar. Cuando descubre cómo funcionan las empresas o por qué existen las fundaciones y las ONGs, empieza a entender la sociedad en la que vive.

La educación económica no va de dinero. Va de decisiones, de valores, de responsabilidad y de futuro. Y cuanto antes se empiece, más natural será ese aprendizaje.

Educación anglosajona: aprendiendo (economía) de los demás

En los sistemas educativos anglosajones (Irlanda, Reino Unido, EEUU, etc.), los conceptos básicos de economía suelen introducirse bastante pronto, pero de forma práctica, no teórica.

A partir de los 12 años, ya tienen una asignatura llamada Home Economics, donde aprenden sobre presupuestos familiares y decisiones de consumo; es decir, economía aplicada a la vida real, no gráficos, fórmulas, ni teorías abstractas.

En España, y en muchos otros países, la economía aparece tarde, si aparece, y es muy teórica, es decir, poco conectada con la vida cotidiana del niño. En el modelo educativo  anglosajón es mucho más práctica y está enfocada a enseñar a tomar decisiones reales que ayudan en la vida diaria.

Economía sencilla, economía entretenida

Desde un punto de vista pedagógico, la economía no debería enseñarse como una asignatura aislada, sino como una ventana para mirar la realidad. Porque está en todas partes.

Cuando se parte de historias cercanas, de situaciones cotidianas y de personajes con los que los niños se identifican, la economía deja de ser confusa. Se vuelve comprensible. Y, sobre todo, práctica.

Los niños no aprenden mejor memorizando, sino cuando entienden el sentido de lo que aprenden. Cuando la economía se explica desde la vida, no solo se entiende: se siente.

En los últimos años han empezado a aparecer en España recursos educativos que entienden esta necesidad. Propuestas que no pretenden convertir la economía en una materia pesada, sino en una experiencia de descubrimiento.

Historias que sirven de punto de partida. Escenarios cotidianos que se analizan con calma. Libros interactivos con juegos que permiten experimentar, equivocarse y volver a intentarlo. Recursos que no dicen a los niños “esto es economía”, sino “mira cómo funciona el mundo”.

Para padres y docentes, este tipo de materiales abren una puerta fundamental: la posibilidad de hablar de economía sin miedo. Sin tecnicismos innecesarios. Sin la presión de hacerlo “bien”. Simplemente acompañando a los niños en preguntas que ya se están haciendo.

Enseñar economía es enseñar la vida

La economía se puede enseñar desde que los niños son muy pequeños. De forma sencilla, entretenida y, sí, también divertida. No para que sepan más, sino para que entiendan mejor. Para que no lleguen a adultos pensando que la economía es algo ajeno, inaccesible o incomprensible. Porque, como dijo aquella tarde mi hija al llegar a casa, la economía no son solo números. La economía está en todo lo que nos rodea. Y nuestros hijos tienen que conocerla.

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